lunes, 15 de febrero de 2016

Planes para tardes lluviosas o esos días en los que no se puede hacer nada

No sé vosotras/os, pero yo soy de esas personas a las que el tiempo que hace fuera le afecta enormemente. Cuando hace sol y calor soy alguien muy distinto a mi yo invernal, con lluvia y frío al otro lado de la ventana, no digamos ya si tengo que pasar mucho tiempo en la calle. A nuestros alumnos y alumnas el tiempo les afecta igual. No digo que a todos les afecte de la misma manera, y  no digo que la lluvia les aplatane, precisamente; pero hay días en los que, no sé si por el tiempo, porque es lunes, viernes o víspera de festivo, la clase no funciona igual que un día "normal" (lo que quiera que eso signifique). Nosotras/os intentamos poner orden, hacer que trabajen, despertarles de su letargo (o calmarles, dependiendo del caso), y al final cedemos ante la evidencia de que no hay manera, hoy no vamos a trabajar como ayer y no le vamos a sacar provecho a la lección. ¿O sí? A veces no hace falta más que cambiar nuestro punto de vista y la clase que parecía que iba a ser un desastre se convierte en todo un éxito. Y lo mejor: los críos y las crías se quedan con la sensación de haber tenido un día "casi de fiesta", cuando en realidad han currado más que cualquier otro día.

No hay recetas mágicas, y lo que funciona un día puede que al siguiente no funcione, pero aquí os dejo alguna sugerencia de actividades que a mí me han venido bien en más de una ocasión. Dependerá de vuestros/as alumnos/as, pero alguna os funcionará seguro. La mayoría están dirigidas a la clase de inglés, pero con un poco de imaginación las podéis adaptar a muchas otras áreas.

  • Organiza juegos: Si están muy ruidosos, puede que ésta sea la mejor manera de enfocar su energía. Dependiendo del nivel puedes jugar al ahorcado con el vocabulario que habéis trabajado, o al bingo (esto funciona de maravilla con los más pequeños, y genial para repasar los números). Si tienen algo de nivel y dispones de un "Quién es Quién", se pasarán las horas muertas describiendo a sus personajes. Si no tienes el juego, haz tarjetas con nombres de famosos que toda la clase conozca y haz que los críos los describan. Éxito asegurado. 
  • Cambia los grupos: Cuando están muy dormidos, lo mejor es dejar que hagan las actividades en grupos. Aunque sea un ejercicio del libro, deja que lo hagan juntos. Si es un texto de comprensión, por ejemplo, haz que lo lean individualmente y hagan preguntas en grupo para preguntar a los demás. Si, al contrario, ves que trabajando en grupo no se concentran, ponlos en pareja o sepáralos individualmente. No soy muy partidaria del trabajo individual, pero a veces hace falta. 
  • Inventa un cuestionario: O, mejor, que lo inventen ellos. Cada grupo (no más de cuatro) tiene que crear un cuestionario de respuesta múltiple (el mal llamado "tipo test") sobre cualquier tema que dominen. Aquí puedes dejar que se junten los amiguetes, o aquellos que tengan gustos afines. También pueden hacerlo sobre una persona de la clase, o sobre ti (yo me reí mucho cuando me lo hicieron, ¡qué bien me conocen!). 
  • Lee un cuento a los más pequeños: En infantil no falla, los cuentos amansan a las fieras. Yo diría que funciona hasta el primer ciclo de primaria. Eso sí, si el libro les interesa no pretendas que lo escuchen en silencio, porque querrán participar. Genial. Al menos están concentrados en algo. 
  • Dales algún pasatiempo: Pero que sea complicadillo, para que se concentren (eso sí, déjalos trabajar en grupo). Si tienes un ordenador en clase conectado a una impresora y a Internet, te será muy fácil encontrar sopas de letra o crucigramas de su nivel. Para matemáticas siempre vienen bien las hojas de colorear en las que hay que hacer una operación para averiguar el color. En inglés hay cientos de recursos, y en castellano imagino que también. 
  • Como último recurso, ponles una película: Mejor aún, busca un tutorial en Youtube sobre cómo hacer una manualidad sencilla (éste y éste están muy bien) y anímalos a que la lleven a cabo si tienes los materiales necesarios. Si te decides por una película, puede ser educacional o no, pero sobre todo debe ser de su interés. No les pongas un vídeo sobre la mitosis celular o será peor el remedio que la enfermedad.
Cuando nuestros/as alumnos/as no se concentran, tenemos la costumbre de ponerles a hacer plástica, o pedirles que hagan un dibujo (yo soy la primera, no escarmiento), pero quizás sea esto lo peor que podamos hacer. A no ser que el trabajo de plástica exija concentración o el que dibuja se tome muy en serio la tarea, la plástica es una de las peores áreas que enseñar cuando están demasiado excitados (aunque, si lo que quieres es despertarles, funciona genial). Seguir las instrucciones en un vídeo puede funcionar, así que si tienes pantalla digital no lo dudes. Eso sí, no esperes que haya silencio en clase: las manualidades son el momento de socializar por excelencia. 

Espero haberte ayudado. Si se te ocurre alguna cosa más, déjame un comentario o ponte en contacto conmigo; estaré encantada de actualizar la entrada. 

martes, 17 de noviembre de 2015

Adaptabilidad

Si hay una palabra con la que un profesor o profesora se tiene que definir es la adaptabilidad. Con adaptabilidad me refiero a la habilidad de ajustar nuestra metodología, nuestros contenidos e incluso nuestro humor en un momento determinado a lo que nos marquen las circunstancias. No es lo mismo dar clase un lunes por la mañana que la tarde de un viernes, o un día de nieve, o un caluroso día de verano, por decir lo más obvio. A nuestros alumnos y alumnas les afecta todo, desde lo que han desayunado esa mañana hasta el tiempo que se ve al otro lado de la ventana. Y nosotras y nosotros también somos de carne y hueso, con nuestro humor y nuestros buenos y malos días. Por no hablar de las circunstancias externas que se puedan dar en un colegio, como un cambio de hora repentino, una sustitución, falta de tiempo para preparar material, cambio de clase, obras, un día especialmente ruidoso en el aula de al lado... Hay mil circunstancias por las que nuestro plan puede verse amenazado.

Partiendo de la base de que en el profesorado hay todo tipo de personas y que todos y todas aprendemos a nuestro ritmo, yo creo que la adaptabilidad es una cualidad que se adquiere con los años. Cuanto empezamos a trabajar en el aula nos gusta llevar todo bien planeado, bien apuntado, sin margen a la improvisación. Si tenemos planeado explicar el presente continuo del inglés, consideramos una clase fracasada aquella en la que entra la jefa de estudios a dar un mensaje y nos interrumpe la clase, o esa frustrante mañana en la que los niños y niñas están más emocionados por la excursión del día siguiente que por nuestra clase. Con el tiempo se aprende a escapar de la dictadura del plan y modelar la hora a nuestras necesidades. En lugar de tenerlos veinte minutos escuchándote para que luego hagan los ejercicios, explica lo básico en cinco y ponlos a trabajar en grupos en un texto sencillo, o creando una conversación. A veces los cambios de planes dan resultados maravillosos, y lo que parecía un parche para un momento de tensión se convierte en una lección que apuntas para repetir en otro momento. Así se va haciendo un equipaje de ideas, de técnicas, de metodologías que podrás usar cuando las necesites. Hay profesoras que lo hacen casi de forma instintiva y tienen una cualidad especial para saber qué necesita su grupo en todo momento desde el primer día que entran en clase; otros y otras dependemos de esa maleta que hemos ido formando con los años, pero tarde o temprano todos llegamos a esa adaptabilidad que tan importante se nos hace en clase.

Para los y las que acabáis de empezar en esto de la educación y no tuvisteis un buen modelo en vuestras prácticas de grado, he aquí una serie de ideas para el aula de inglés de las que podéis echar mano cuando sintáis que la clase se os escapa de las manos. Como siempre, dependerá de vuestras necesidades y de las de los niños y niñas.

  • A veces una sustitución, una enfermedad, una visita al médico, etc. se come nuestras horas libres y nos es imposible preparar la clase que nos toca como nos gustaría. Piensa que no todo es gramática en el aula de inglés, y una clase de plástica te puede servir muy bien para trabajar el vocabulario que estás dando en clase, o introducir algo nuevo. Díctales un monstruo ("it's got two heads, five eyes and three hands"), pídeles que hagan un cartel sobre el tema que estáis dando, o que hagan fichas de vocabulario. Esto también puede servir para los días en los que están muy inquietos e inquietas y no hay manera de hacerles prestar atención. 
  • Ten siempre a mano una ficha fácil que puedan hacer ellos y ellas solas o en grupo. Colorear por números, unir el color con el nombre, una ficha de vocabulario, una sopa de letras... Si tienes ordenador en el aula, hoy en día hay cientos de páginas que ya tienen todo este tipo de ejercicios; tómate cinco minutos para encontrar una, imprímela y manda a un niño o niña a buscar las fotocopias. Perfecto para los grupos apáticos de los que pareces no sacar nada. 
  • Con los pequeños, hay días en los que no hay manera de contar el cuento. Ponles a bailar. Haz rimas, canciones, juegos, que se muevan. Es imposible dar una clase magistral con un grupo que no puede estarse quieto y atendiendo: ni lo intentes. 
  • Si tienes la posibilidad de poner películas en clase, aprovecha. No abuses de este recurso o los niños y niñas se van a pensar que la clase de inglés es un choteo, pero es perfecto para un viernes por la tarde en el que los peques ya no dan más de sí. 
  • Si están muy parlanchines, aprovecha. Pídeles que creen un diálogo, una historia que contar a la clase. Pueden incluso dramatizar un libro sencillo que ya conozcan. Prepárate para que haya ruido, esta no es una actividad silenciosa. 
Éstas son solo un puñado de ideas, pero estoy convencida de que solo con leerlas ya se te han ocurrido un montón más. Flexibilidad, adaptabilidad, el don de aprovechar las virtudes de tus alumnos y alumnas y sortear las dificultades que se te vayan planteando, son características que cualquier profesional de la educación debe tener. Luego ya hablaremos del currículum, de la LOMCE y todo lo que venga detrás, pero ante todo, los niños y niñas. Y tu salud mental, que también es importante. 

martes, 22 de septiembre de 2015

Ventajas de los "epals", "penpals", etc, y cómo aprovecharlas en el aula



Hoy no vengo a descubriros nada nuevo, por mucho palabrerío en inglés que use o términos mordernos que nos quieran vender. Los "epals", los "pen pals" o los amigos por carta de toda la vida son tan viejos como la Super Pop, donde al final de la revista te venía una sección de "contactos" que poco tenía que ver con la de los periódicos y sus fotos guarrillas; allí encontrabas adolescentes de todas las edades buscando cartearse con gente de su misma edad para crear amistades fuera de su ciudad. La gente exponía su nombre, apellido y dirección postal sin apuros y esperaba que un alma caritativa se animara a escribir una carta a un perfecto desconocido o desconocida con la ilusión de hacer amigos. He de confesar que yo siempre leía esta sección y más de una vez escribí una carta, pero al final me achanté y nunca las mandé. Hoy, con la llegada de los emails y los mensajes al móvil, estas secciones ya no existen. Que levanten la mano los/las afortunados/as que reciben una carta manuscrita en el buzón fuera de las fiestas navideñas. Qué ariscos nos hemos vuelto.

Lo que no significa que los pen pals hayan muerto. Las nuevas tecnologías han conseguido que ciertas puertas se vuelvan obsoletas, pero han creado inmensos portones con los que comunicarnos con otros lugares del mundo. Internet nos da la oportunidad de ir un paso más allá en el uso de los amigos por carta como recurso en clase, y ya no tenemos por qué limitarnos a escribir porque podemos mandar fotos, vídeos y enlaces de sonido. Pero, ¿merece la pena meterse en el berenjenal que supone contactar con otra clase y mantener el contacto durante todo un año? Yo lo he hecho tres cursos seguidos, y la respuesta es un rotundo SÍ. Las ventajas de escribirse con otra escuela son numerosas, y las horas que empleemos en llevar a cabo este programa serán horas (de clase, de preparación) muy bien empleadas. Y no soy yo la única que opina así. Para escribir este post he echado un vistazo en la web por si alguien lo había escrito antes y mejor que yo y, por supuesto, lo he encontrado. Jose A. Alcalde López ha compartido este documento en SlideShare que explica muy bien por qué y cómo se pueden usar los pen pals en la escuela. Yo, con vuestro permiso, voy a dar también mi opinión.

  • Las lenguas se deben aprender en un contexto comunicativo. Presentarse ante tus compañeros de clase en quinto de primaria cuando llevas con ellos y ellas desde los dos años es ridículo, por mucho que la actividad del libro lo pida. Si esa actividad se la mandamos a alguien que no nos conoce, nos estamos presentando de verdad, estamos tratando de enviar un mensaje. Ese debe ser el objetivo de cualquier tarea escrita. 
  • Escribir para alguien que no sea la profesora de inglés motiva. Si yo sé que mi carta la va a leer alguien que de verdad está deseando recibir noticias mías, me voy a esmerar más en hacerlo lo mejor posible. Si, además, esa persona es nativa en el idioma en el que me estoy comunicando, más todavía. 
  • No todos nuestros alumnos y alumnas van a tener la oportunidad de conocer hablantes nativos de inglés. Los viajes al extranjero son un lujo para según qué familias, ya ni hablamos de cursos de idiomas en Inglaterra o Estados Unidos. Así igualamos el campo de juego, dando las mismas posibilidades a todos y a todas. 
  • Comunicándonos con otros y otras en la lengua extranjera nos damos cuenta del valor que ésta tiene. Es lo que tenemos en común, lo que nos une, con lo que nos comunicamos. 
No solo nos comunicamos escribiendo. Internet permite mandar fotos, vídeos, archivos de sonido. Portales como Youtube o Vimeo son formas estupendas de poder intercambiar archivos que no cabrían en un email, y además podemos usarlos para más cosas (una presentación en el blog de aula, un mensaje navideño a las familias...). Siempre con cuidado y teniendo en cuenta que tratamos con menores, por supuesto. He aquí una breve lista de cosas a tener en cuenta cuando nos comunicamos con otra clase:
  • No permitas que intercambien datos personales, más allá del nombre y la edad. Yo controlo todos sus mensajes y los mandan a partir de mi cuenta. Un año organicé con la otra profesora una carpeta en Dropbox donde iba metiendo todas las cartas que los niños y niñas escribían. Ellos y ellas en ningún momento tuvieron la dirección de correo de los miembros de la otra clase y nosotras controlamos todo el contenido de las cartas. No se trata de corregir el lenguaje o censurar ideas, sino de asegurarte que no están compartiendo nada que pueda poner en peligro su identidad. 
  • Asegúrate de tener el permiso de las familias para mandar imágenes. No tienen por qué salir del entorno educativo y no tienen por qué ser expuestas en ningún medio. Youtube tiene un modo oculto que es muy práctico para "esconder" vídeos. Puedes invitar a quien sea por medio de email, pero nadie que no tenga tu invitación puede acceder al vídeo. 
  • Pide a la otra profesora que respete la intimidad de tus alumnos/as. Seguramente ella también tenga restricciones, pero por si acaso.

Escribir es un rollo. ¿Cómo puedo sacarle más provecho?


Prepara un power point sobre la escuela (si tienes asignatura de tecnología, este proyecto es perfecto), o ponlos a trabajar por grupos sobre un tema que les interese y que quieran compartir con la nueva escuela. Graba un vídeo con una breve presentación de cada uno de tus alumnos/as (Youtube tiene una excelente herramienta de edición de vídeo por si, como yo, eres un poco desastre con los programas que hay por ahí). Manda tarjetas de Navidad por correo ordinario, con un pequeño regalo o souvenir típico de tu ciudad. Haz un vídeo en el que les enseñes el colegio, con alumnos y alumnas de otras edades, profes y todo. Crea un periódico con las noticias locales de tu ciudad para que lo lean al otro lado del charco. Las posibilidades son infinitas. 

¿Pero yo con quién hablo?


Tengo la suerte de tener amigos y amigas extranjeras que también son docentes y con los que me pongo de acuerdo a la hora de llevar a cabo la actividad. Su lengua materna es el inglés y eso anima a mis alumnas y alumnos a usar el idioma lo mejor que pueden, porque quieren que les entiendan. Pero no hace falta tener contactos, porque hoy en día hay páginas como ePals que te permiten registrarte como profesora y buscar una clase que te interese. Yo te recomiendo que sea una clase extranjera con un nivel de inglés parecido al de la tuya; si son nativos, probablemente les interese practicar el segundo idioma que están aprendiendo y, además, su nivel será demasiado alto, pero si también están aprendiendo inglés como segunda lengua tendrán un nivel parecido y mucho interés por aprender (en mi caso hay muchos motivos por los que funciona con nativos, como su nivel académico o que el inglés es su segunda lengua por más que sea la oficial del país). Mi experiencia es que es mucho más motivador escribirse con alguien extranjero que con el vecino de al lado, pero si te sale la oportunidad de comunicarte con una escuela cercana y luego podéis hacer que se conozcan, tampoco es mal plan (de hecho, es lo que voy a intentar yo este año, a ver qué sale). La gente que ha utilizado páginas como ePals habla maravillas de ella; te recomiendo probarlo, no pierdes nada. 


Como digo, yo llevo poniéndome en contacto con otra escuela tres años, y he visto resultados muy positivos. La niña que nunca habla en clase se abre y se esfuerza en contarle su vida a su nueva amiga, o el niño que no tiene ningún interés en el idioma se molesta en buscar la forma correcta de decir algo porque quiere que le entiendan. Merece, y mucho, el tiempo que vas a emplear grabando vídeos, editándolos y subiéndolos a la red (ay, las conexiones velocidad tortuga del colegio...). Piensa en cómo hubiéramos flipado de pequeñas y pequeños si un día nuestro profe de inglés nos hubiera dicho "este año nos vamos a cartear con una clase de Grecia". Así flipan hoy en día también, aunque sea otra generación. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Classroom Activities: Questionnaire


Today I come with an activity that you can use in the classroom. It should be used at the beginning of the school year, but it works fine anytime with a class you don't know well. The idea is that the children create their own questionnaire, writing the questions themselves, and then move around the class to ask them to at least one child. Pretty simple, nothing new under the sun, but effective and highly motivating.

I did this in sixth grade at the beginning of the school year, but you can do it in any grade you see fit, as long as they have the needed language to create the questions. I already know the class and they know each other well, but we had a new student this year and I thought it would be a good way of giving him a chance to know his peers. We did this activity in groups to account for different levels, so everybody had help while doing this (apart from mine, that is). The steps were more or less as follows:

  • I explained the task (always in English) giving them oral examples of what a question is. I asked questions to some students who were capable of answering, and then tried it again with the ones that have more trouble. This took about 5 minutes. 
  • As a whole groups, we wrote four questions on the blackboard. All of them were questions they had already heard a million times, but it was a good way for them to review. This took also around 5 minutes, maybe a bit more. 
  • I told them to write another six questions in groups. They were supposed to be as original as possible, trying to get new information from their classmates. I walked around the class to help while they worked in groups of 3-4. This can take up to 20 minutes. 
  • Once they had finished, they were told to stand up and choose a person with whom to practice. They had to ask all ten questions to the same person and write down the answer. The goal here was communication, so one-word answers were OK. We did this until the end of the class. Some students got to ask two partners. 
It worked very well, and even the students who rarely speak in class got some speaking practice. It was a good way to review questions, and a good way to get the blood pumping after a long summer. Some of them were pretty creative with their questions, too, and they learned a few grammar points that we hadn't worked on before. All in all, great experience. I encourage you to try it. 

jueves, 10 de septiembre de 2015

Septiembre: el retorno.




Se acabaron los cinco días de paz y tranquilidad que el Ministerio de Educación (o las buenas costumbres, no me queda claro) nos regalaron para organizar los ciento ochenta días de curso lectivo que nos vienen por delante. Esta semana han llegado los monstruos y las "monstruas", y ahí nos hemos puesto nosotras y nosotros, la bata bien atada, el botón que se cayó el año pasado aún sin coser, las fotocopias hechas y la mesa aún ordenada, aunque ya apunta maneras y empiezan a definirse montoncitos que se convertirán en montañas antes de octubre. Si eres nuevo o nueva, igual soñabas con hacer una entrada triunfal en tu primera clase, dejar a tus alumnos y alumnas de piedra con una lección de esas en las que todos se levantan y te dan una ovación y empiezan a gritar eso de "oh, capitán, mi capitán" subidos a la mesa mientras tú lanzas el libro de texto por la ventana, pero ya estamos a diez de septiembre y probablemente te habrás dado cuenta de que de eso nada. Horario de mañana, reuniones a todas horas, niños y niñas que no aparecen en la lista, plazas de profesorado aún sin cubrir... Lo de la clase con ovación incluida déjalo para enero, que igual los Reyes Magos te traen una varita mágica y hay suerte.

Lo que no significa que no hayas tenido una semana (o tres días) más que completita, aunque tus horas delante de la pizarra hayan sido mínimas. Si tu experiencia ha sido parecida a la mía, probablemente te haya tocado ya tu primera sustitución con un grupo que no conoces, limpiar algún moco, calmar alguna lágrima y el primer encontronazo con un padre o madre que quiere que su hijo se quede al comedor según a él/ella le convenga, como quien pide mesa en un restaurante (por poner un ejemplo de antojos, vaya). Puede que, como yo, ya hayas desatascado la fotocopiadora un par de veces, hayas aprendido cómo imprimir desde el ordenador con el programa nuevo, te hayas intentado apuntar a un curso sin éxito porque la aplicación informática está saturada y te hayan cambiado el horario de clase tres veces (y todas las habías pasado a limpio, con colores distintos para cada clase, cada hora... monísimo). Quizás te haya tocado también barrer una clase llena de bichos o pasar el rodillo con pintura fresca por unas paredes demasiado manoseadas, o mover muebles a pulso de un lado a otro del pasillo (y es que el bedel, pobre, no llega a todo) mientras los niños revolotean a tu alrededor y tratan de contarte algo sobre sus vacaciones.

Tranquila. Tranquilo. Es normal. Se llama "comienzo de curso", de apellido "jornada continua", y vuelve loco y loca a las mayores profesionales. Tú piensa en las tardes de verano que aún te quedan en las que no tienes que llevarte a casa nada para corregir, y disfruta, porque se acabará pronto. El otoño llegará antes de lo que esperas; refrescará, lloverá, pero a ti no te importará, porque no podrás salir de casa hasta terminar de corregir las veinte redacciones que te has traído de deberes.

El curso ha empezado. Tu vida como la has conocido en julio y agosto ha llegado a su final. Bienvenida a la normalidad. Bienvenido a septiembre.

lunes, 31 de agosto de 2015

Empieza el cole. ¡Iuju!




Oh, septiembre, por qué eres tú septiembre. Mes de cambios, mes de comienzos, mes en el que todo el mundo vuelve a apuntarse al gimnasio, vuelve a prometer dejar de fumar, vuelve a decir lo de “este año empiezo la dieta antes, que luego me pilla el toro”; vuelve, en resumen, a prometer todo lo que prometió el uno de enero y dejó de hacer el día cinco. Mes también en el que vuelve el cole, y los y las profesoras volvemos a oír aquello de “qué, después de tres meses de vacaciones la vuelta se hace dura, ¿eh?”. Aparte de ese mes extra que nos dan todos los veranos, sí, la vuelta se hace dura. Si la gente tiene depresión post-vacacional después de quince días en la playa, imagínese usted después de dos meses. 
Pero volvemos con ganas, igual que los niños y niñas, que están hasta el gorro de ir a la piscina con los abuelos y se mueren por reconectar con sus amigos y amigas. El siete o el ocho de septiembre los tendremos otra vez en el aula, lo que nos da toda una semana para preparar lo que haremos en clase cuando lleguen. ¿Qué haremos en esos días? De todo. De hecho, tendremos la cabeza tan llena de ideas que esa semana se nos hará corta, pero si te organizas y priorizas igual consigues que te sobren unos días para organizar alguna de esas actividades que dijiste que llevarías a cabo en junio (si eres nueva/o, todo eso que se te ha ocurrido desde que has sabido que ibas a empezar de cero en un cole nuevo). 
He aquí una lista para los y las novatas que nunca hayan empezado un curso en un cole nuevo. No las escribo en orden de importancia, pero son pequeños detalles que yo encuentro muy útiles a la hora de empezar un nuevo curso. Lo primero: no te agobies. Hay muchas cosas que querrás hacer (como, por ejemplo, planear la primera semana de clase, o el primer mes) que te serán muy difíciles si aún no conoces a tus alumnos/as. Date tiempo. Piensa que tienes todo un curso para hacerlo bien (y meter la pata, y corregirlo, y volver a meter la pata). 
  • Consigue una lista con los nombres de tus alumnos/as. Si eres tutor/a, asegúrate de que la lista viene con los números de teléfono de los tutores legales. Cuando empiece el curso, si tus alumnos/as son mayorcitos/as, no estaría de más que repasaras los teléfonos con la clase para asegurarte de que están al día por si hay alguna emergencia. Un consejo: no escribas los nombres en ningún sitio de donde no puedas borrarlos con facilidad. El principio del curso escolar trae un montón de cambios, y muchos de los nombres de la lista no aparecerán el primer día de clase, o se añadirán nuevos nombres. Espera una semana a hacer esos maravillosos carteles con los nombres o a apuntarlos en tu cuaderno de notas. 
  • Recoge la clase y tira todo lo que no necesites. No guardes las pinturas rotas por si puedes usarlas para algo. Líbrate de las fotocopias que la profesora del año pasado no usó pero dejó “por si acaso”. Libera espacios y lleva los materiales que no vayas a usar al almacén o algún lugar fuera de tu clase. Si fueras un gato, estarías marcando tu territorio. Es tu clase, empieza de cero, crea tu espacio. 
  • Prepara la clase según tu estilo. Asegúrate de tener sillas y mesas suficientes para todos los niños y niñas de tu clase (y algún extra no vendría mal, pero eso ya es más difícil). Coloca las mesas según tu estilo de dar clase (en U, en grupos, individuales, en parejas…), pero asegúrate de que puedes cambiarlo fácilmente por si tienes que corregir algo a mitad de curso. Estudia tu clase. ¿Dónde puedes poner la biblioteca, si es que quieres una? ¿Y el rincón de juegos para los niños más pequeños? ¿Un rincón de experimentación? Está en tu mano. Hazlo ahora, durante el curso será más difícil. 
  • Consigue material. Piensa en el instrumental básico que necesitas: pinturas, lápices extras, cartulinas, tizas… Durante el curso tendrás otras muchas necesidades, pero está bien tener un mínimo en clase. ¿Qué asignaturas vas a dar? ¿Necesitas diccionarios, cartulinas para hacer carteles, folios? Vete colocando el material por la clase y poniendo carteles para que los alumnos y alumnas lo encuentren con facilidad. 
  • Haz varias copias de tu horario. Pega una en un cuaderno, otra en la mesa donde siempre puedas verlo, en la pared donde puedan verlo los niños/as. Para noviembre te lo habrás aprendido, pero es muy útil si te tienen que sustituir. Deja también una lista de clase donde cualquiera pueda encontrarla (sin más datos personales que los nombres y apellidos). 
  • Aprende las normas básicas del colegio. Apunta cuándo te toca cuidar el patio, cuáles son las rutinas para entrar y salir del colegio (a veces se vigilan las escaleras), el horario de reuniones cuando empiecen las clases, tus obligaciones con respecto a seminarios, grupos de trabajo y demás. Créeme, dar clase no es lo único que se espera de ti. Y por favor, sé puntual. 
  • Familiarízate con el currículum. Echa un vistazo a los libros que tienes que utilizar. Lee los objetivos del curso. No te asustes por lo que parece una tarea imposible, los niños y niñas aprenden a veces a pesar del profesor/a. Lo lograrán y lo lograrás. 
  • Planifica la primera semana de clase, dejando margen para el cambio. Si eres tutora, tendrás que conocer primero a tus alumnos y alumnas. Piensa en juegos, en actividades que no sean cien por cien académicas. No significa que se vayan a pasar la primera semana jugando, pero es bueno que contemples estos primeros días como una adaptación para ti. Es el momento de saber cuánto saben. No des por supuesto que, si están en tercero, tienen que saber todo lo que dieron en segundo. Si eres especialista, prepárate para una lluvia de nombres y caras que no se diferenciarán unas de otras hasta Navidad. Haz algún juego que te permita saber el nivel de cada curso (estoy pensando en inglés, pero en música y gimnasia vale lo mismo). Repasa el horario con ellos/as. Explica qué esperas de ellos/as, cuál es tu estilo, qué vais a hacer durante el curso. Sé firme pero no inflexible. Preocúpate por conocerlos/as. 

Si consigues hacer todo esto en la primera semana de trabajo, en esos benditos días en los que puedes trabajar sin niños/as, estarás más que preparado/a para enfrentarte a lo que te echen. No te agobies, te va a dar tiempo; piensa que vas a pasar seis horas en el colegio, son suficientes para hacer de todo. Acomódate, haz tuya tu clase, conoce a tus compañeros y compañeras y disfruta de tu nuevo destino. Piensa que vas a pasar todo un año allí y terminará siendo como tu segunda casa. Disfruta. Relájate. Prepárate.
Empieza el curso. ¡A por ellos!


lunes, 4 de mayo de 2015

CLIL (Content and Language Integrated Learning), o cómo reinventar lo que ya se sabía





Las modas van y vienen en todos los aspectos de la vida. Lo vemos en la ropa, cuando vuelven a llevarse los pantalones acampanados un año y se descartan por los pitillos al siguiente, o en la música, cuando de repente oímos remixes de canciones que creíamos olvidadas. En educación también pasa, y de qué manera. Se ponen de moda distintas maneras de dar clase, distintos métodos de aprendizaje; de repente debemos dejar de guiar a los alumnos y alumnas y dejar que descubran el mundo por sí mismos/as, para el día siguiente retomar la tiza y la pizarra sin olvidarnos de las nuevas tecnologías, que resultan no ser tan positivas pasados unos meses. En la enseñanza de inglés como lengua extranjera se ha puesto muy de moda el CLIL, que viene a ser enseñar una asignatura en un idioma que no sea el materno. Esto que tan moderno parece es más viejo que yo, que aprendí euskera inmersa en la lengua y recibiendo todas las asignaturas en un idioma que no era el mío, pero ahora le han puesto un nombre molón con siglas en mayúsculas, lo han dirigido a la enseñanza del inglés y han creado toda una industria alrededor de la novedosa noción de que un idioma se aprende mejor si se utiliza en un contexto comunicativo. Han descubierto el círculo, vaya. 
Una gran cantidad de colegios en Vitoria alardean de enseñar a sus alumnos y alumnas ciencias en inglés (no confundir con el modelo trilingüe, que es otra cosa y va más allá, aunque se basa en el mismo concepto de dar asignaturas en inglés). No es de extrañar, ya que el Gobierno Vasco creó un programa (a mi gusto muy bien planteado) mucho antes de que el CLIL se convirtiera en moda. Se dejaron de lado los libros y empezaron a darse los contenidos lingüísticos al tiempo que se aprendía algo con ellos, como ocurre con el primer idioma, y los resultados no fueron nada malos. Había un problema, sin embargo: el proyecto necesitaba que el profesorado estuviera formado y requería muchas horas de preparación, algo que no todos estaban dispuestos a hacer. Y entonces llegaron las editoriales, edulcoraron el concepto y crearon libros con fichas que la profesora podía utilizar sin ninguna preparación nada más llegar a clase. Todo el mundo hace ahora CLIL, con mayor o menor acierto, porque está en el libro de texto. Pero dar una ficha en cada tema sobre reciclaje, o el ciclo del agua, o países del mundo no significa dar una asignatura en inglés. CLIL va mucho más allá de rellenar los huecos y unir con flechas. 
Este año me toca dar plástica en inglés. En realidad no es plástica, sino arte, ya que observamos obras de otros, analizamos los procesos y luego intentamos imitarlos (aunque a veces llego con una ficha de “recorta y colorea” porque no me ha dado tiempo a más, seamos sinceros). Reconozco que al principio era un poco escéptica y me daba la sensación de que estaba “perdiendo el tiempo” con algo que no era inglés, pero ahora veo los resultados y me sorprendo de lo mucho que ha mejorado la comprensión de mis alumnos. Toda la clase es en inglés, y ellos y ellas también necesitan comunicar los mensajes más simples en inglés. De no hablar ni una sola palabra hemos pasado a la intención de decirlo todo en inglés, aunque sea por signos. Se ayudan mutuamente, aprenden frases hechas que yo repito sin cesar sin darme cuenta, comprenden mensajes bastante complejos. Todo porque han unido el dicho y el hecho, y han aprendido el lenguaje haciendo. No saben analizar una frase y decirme cuál es el sujeto de “Can I borrow your scissors, please?”, pero saben usarlo y responder correctamente. Creo que es fundamental unir la lengua con el conocimiento, y algo tan sencillo como la asignatura de plástica puede ser un vehículo muy adecuado para que los más tímidos y tímidas se suelten y empiecen a pedir permiso para utilizar los pinceles. 
CLIL no es repartir fichas, no es rellenar huecos, no es subrayar el verbo. CLIL es hacer que les pique la curiosidad, que quieran aprender sobre el tema que estáis viendo y que lo hagan en inglés, con el esfuerzo extra que eso supone. Está muy de moda, sí, pero me gustaría saber cuántos y cuántas de nosotras lo estamos haciendo bien (me incluyo, vaya si me incluyo). Bien hecho es un gran recurso, pero si lo enfocamos solo a los objetivos lingüísticos es el mismo perro con distinto collar. No hace falta inventar nada nuevo, sino usar el sentido común. En próximos posts, si el tiempo lo permite, hablaré más de esta nueva tendencia de las clases de inglés, pero de momento os pregunto: ¿dais alguna asignatura en inglés? ¿Qué tal os va?